El reciente documental de Netflix sobre America’s Next Top Model ha reabierto una conversación incómoda pero necesaria sobre uno de los realities más influyentes de los 2000. Lo que durante años se percibió como entretenimiento aspiracional hoy se analiza bajo una luz mucho más crítica.
El programa, creado y presentado por Tyra Banks, fue pionero en llevar el mundo del modelaje a la televisión masiva. Sin embargo, el documental expone prácticas que hoy resultan difíciles de justificar: humillaciones públicas, estándares de belleza rígidos, presiones psicológicas y dinámicas de poder cuestionables.
Muchas exconcursantes relatan experiencias de manipulación emocional, comentarios sobre sus cuerpos y decisiones editoriales que afectaron su autoestima durante años. Lo que antes se vendía como “formación” ahora se lee como maltrato normalizado por el formato televisivo de la época.
America’s Next Top Model y Tyra Banks
El foco inevitable recae sobre Tyra Banks, no solo como presentadora, sino como figura de autoridad. El documental no busca un linchamiento fácil, pero sí plantea preguntas incómodas sobre responsabilidad, liderazgo y silencio. ¿Hasta qué punto una creadora es responsable del daño generado por su propio formato?
Más allá del caso concreto, el documental funciona como espejo cultural. Nos obliga a revisar qué aplaudimos, qué consumimos y qué normalizamos en nombre del entretenimiento. America’s Next Top Model no fue un caso aislado, sino parte de una televisión que priorizó el impacto sobre el bienestar.
Revisar el pasado no es cancelarlo, es entenderlo. Y este documental deja claro que el glamour televisivo también tiene sombras que ya no pueden ignorarse.




