Hedy Lamarr, ícono sexual con una mente brillante

Fue pionera de la tecnología que hoy usan el wifi y el GPS

Hedy Lamarr Mujeres inventoras

En 1933, la película checoslovaca Éxtasis fue estrenada en Europa. En ella, una jovencísima Hedy Lamarr interpretaba a una joven que abandona a un marido sin deseo sexual.

Como si este argumento no fuese suficientemente escandaloso para la sociedad de entreguerras, Lamarr apareció desnuda y protagonizó la que ha pasado a la historia como la primera escena de un orgasmo femenino en el cine.

Tras Éxtasis vendría el éxito en Hollywood. Películas famosas como Argel y Sansón y Dalila. Y el título que la acompañaría durante toda su carrera: la mujer más hermosa del mundo.

Tendrían que pasar muchas décadas para que el público conociera que aquella “bombshell” era también una mujer extraordinariamente inteligente. Tanto, que en 1942 patentó una tecnología sobre la cual se erigen hoy el GPS y el Wifi.

Una vida más interesante que la ficción

Hedy Lamarr, cuyo nombre real era Hedwig Eva Maria Kiesler, nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena, en el seno de una familia judía. Sus biógrafos coinciden en que su predisposición para las ciencias se hizo evidente desde que era una niña. Una de las anécdotas más conocidas es que con apenas cinco años desarmó y armó nuevamente su caja de música.

Poco después del estreno de Éxtasis, se casó con un empresario judío que fabricaba armas para el emergente partido Nazi. Su matrimonio fue tan infeliz como el que interpretó en la ficción. Su marido invirtió mucho tiempo y dinero en destruir copias de la película, pero no evitó que Lamarr presenciara sus reuniones sobre fabricación de municiones.

Una versión señala que Lamarr usó esta información para chantajear a su marido, que la dejó marchar. Otra, que se escapó por una ventana, sorteando guardaespaldas y subiendo a un coche que la llevaría hasta París y, finalmente, a Londres.

Actriz e inventora de un sistema secreto de comunicación

Dos hechos están claros: Hedy Lamarr se convirtió rápidamente en una actriz famosa en Hollywood y su interés por la ingeniería no hizo sino crecer. En 1940, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, se produjo un encuentro providencial. Lamarr conoció al compositor George Antheil, otro ávido inventor, quien había estado experimento con el control automático de instrumentos musicales.

Atraídos por un interés común en la ingeniería y preocupados por el desarrollo de la guerra, ambos idearon un sistema de comunicación que, usando un «salto de frecuencia» entre las ondas de radio, permitía que los torpedos teledirigidos encontraran su objetivo.

En 1942 su idea fue patentada, no fue utilizada por la marina de los Estados Unidos hasta 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba.

Lamarr no recibió el crédito que merecía por su invención hasta 1997. Su creación es la base de la actual tecnología de comunicación de amplio espectro, que permite servicios tan comunes como el Bluetooth, el Wi-Fi y el GPS.

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