Descubriendo Dalmacia

Monika viaja a uno de los escenarios de la famosa serie Juego de Tronos

Dalmacia

Monika visitó Dalmacia y esto nos cuenta:

Dicen que tener una hermana es cómo tener el alma dividida en dos cuerpos y quizás sea por eso que en los últimos años se despertó en mí el deseo de querer compartir cada vez más mi vida junto a la mía. 

Fue justamente durante en una de las tantas llamadas que decidimos fugarnos juntas un par de días para regenerarnos y en cuestión de poco tiempo tuvimos planeada nuestra escapada a Dalmacia.

El objetivo era bien claro: desconectar, descubrir rincones nuevos y sobretodo ir a la caza de la puesta de sol más bonita del mundo, que según Hitchcock se encontraba justamente en la ciudad que íbamos a visitar: Zadar.

Dalmacia

Una vez situadas no tardamos mucho en darnos cuenta de que Zadar es una ciudad de tamaño acogedor, repleta de ruinas romanas y venecianas (antes de que los eslavos viniesen a conquistarla ) y con mucho ambiente: la tarde noche de finales de agosto era cálida y las calles, empapadas de aromas mezclados a algodón de azúcar y brisa de verano, estaban repletas de vida.

Caminando largo la muralla nos adentramos al casco antiguo y nuestro primer descubrimiento fue una plaza con cinco pozos bien alineados y rodeada por un parque.

Dalmacia

El parque de Perivoj Vladimir Nazor resulta ser un buen mirador para observar la plaza desde arriba junto al mar y a uno de los monumentos renacentistas más bonitos de la ciudad: “La Porta Terraferma”.

A cada paso dado quedábamos más y más anonadas por la belleza del casco antiguo: una belleza, compuesta por columnas romanas, palacios históricos, iglesias, plazas importantes de la vida publica de Zadar cómo la de Narodni Trg y los antiguos foros romanos.

Construcciones que después de terremotos y guerras siguen resplandeciendo bajo la iglesia de San Donato y ofrecen la posibilidad de sentarse y respirar un poco la historia. 

Dalmacia, llena de historia

La importancia de toda aquella herencia histórica fue muy indispensable para la ciudad de Zadar, porque gracias a ella, muchos de los edificios históricos fueron reconstruidos post terremotos y guerras.

De hecho un claro ejemplo es la misma iglesia de San Donato, que pudo mantener su estilo bizantino gracias a las piedras usadas de los mismos foros romanos y a su vez ser nombrada uno de los símbolos culturales más destacados de Zadar y de toda Dalmacia.

El mar estaba literalmente a pocos metros así que apuramos los últimos rayos de sol sentadas largo el paseo marítimo. Un paseo que fue escalonado artísticamente por el arquitecto Nikola Basic y que da lugar nada más que a un órgano marino.

Esta gran y única obra es un instrumento que produce música por medio del empuje de las olas y los 35 tubos situados por debajo de un gran conjunto de escalones de mármol. 

Sentarnos sobre uno de lo escalones mientras el sol caía sobre el mar y escuchar la música provocada por las olas fue sin la mínima duda una de las experiencias más bonitas que pudimos haber vivido juntas.


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Al caer la noche, nos levantamos y entre el cansancio y la ilusión por vivir más aventuras caimos rendidas a la cama.

Teniendo dos formas de ser bien distintas logramos a alcanzar un equilibrio en nuestras necesidades así que si un día optamos para ir a la playa y nada más, otro día nos fuimos de excursión en barco por el maravilloso Parque Nacional Kornati y otro día lo reservamos para visitar Sibenik: otra belleza limítrofe a Zadar y ¡Como no! ¡Otro escenario croata de la famosa serie Juegos de Tronos!


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