Cosas que le diría a mi yo más joven

yo más joven Daniela R. Castillo

Tengo 22 años recién cumplidos, y aunque sé que aún soy muy muy joven, tuve una conversación conmigo misma frente al espejo esta mañana -porque sí, hablo conmigo misma frecuentemente, aunque cada vez que veía a mi mamá hacerlo, me parecía realmente raro-.

Hace meses vi una carta muy bonita que escribió Victoria Beckham, la popular diseñadora inglesa y ex diva del pop. En ella, Victoria le dice a Victoria Adams, su versión más joven y sin apellido de casada, un par de cosas. Esa idea quedó en mí. Y aunque, evidentemente no soy así de famosa, ni de exitosa, hay un par de cosas que le diría a mí versión más joven, y que creo que muchas harían lo mismo.

A los 18 años decidí que iba a acomodar algo de mi cara que siempre me había molestado: mi nariz. Desde que tenía 9 meses de nacida, mis oídos fueron un problema y mi nariz. Las visitas al otorrinolaringólogo eran frecuentes, y entrar al quirófano también. Lola, como la llamamos en mi casa, inicialmente muy bonita, pero luego empezó a dañarse y a afearse con el constante tick nervioso que tenía, así fue cómo empezó uno de mis problemas más molestos: la mala relación que llevaba con el punto central de mi cara. Sin embargo, un desarrollo temprano y mi primer periodo a los 9 años, complicaron un poco más las cosas. Estas serían las cinco cosas que le diría a mi yo más joven, que pensaba que el físico era lo más importante del mundo.

-No importa cuán molesta sea mamá, ella siempre tendrá la razón: Tengo una relación muy sólida con mi mamá. Somos almas gemelas desde que tengo memoria, y creo que nunca conseguiré a una persona tan maravillosa como ella. Me parece hermosa, digna de admirar, y es una gran mujer. Sin embargo, en algunos momentos, la cosa se ha puesto tensa entre nosotras. Su mejor herramienta, siempre ha sido darme un consejo y luego dejarlo a mi juicio, para que yo decida qué es mejor, como esa vez que pensaba hacerme un tatuaje a escondidas con mis mejores amigas -cuento que por cierto, viene por ahí-. Sabiendo que no era algo que realmente quería hacerle a mi cuerpo, intenté lograrlo por mis propios medios económicos. Evidentemente no lo logré, y siempre me quedará la tranquilidad de no haberle pasado por encima a mi mamá, pues ella me recomendó no hacerlo.

-Someter el cabello a tenazas, planchas de cabello y secador es un error que se paga caro: Quería el cabello lacio a toda costa, y estaba dispuesta a lograrlo como fuese. Así que lavaba mi cabello y así, mojado, lo alisaba con plancha. Este terrible error me costó tener cabellera sana por años. Mi cabello, rizado, sufría mucho. Con los cambios típicos de la Universidad, el cansancio empezó a impedir pararme tan temprano para lograr la rutina de belleza, así que tolerar mi cabello natural se hizo obligación. Hoy en día, adoro mi cabello nunca antes teñido, sin maltratos, y mucha gente me pregunta qué hay detrás de él. Acepté los consejos de mi estilista italiano, quien me recomendó usar un shampoo mineral para mi tipo de cabello, y nunca se ha visto mejor. Lo aliso solo cuando voy a salir a eventos importantes, y eso hace que luzca de impacto.

-Cortar cabello es una tarea que solo un profesional debe hacer: Estaba en primaria. Quería desesperadamente usar flequillo, y no podía esperar a tener uno similar al de mi amiga Cristina, que se lo cortaba ella misma inspirada por su hermana mayor, Daniela -ambas son chinas, entonces imagínate el tipo de cabello que tienen-. Así que una mañana me desperté temprano, tomé mi tijera de cortar papel que usaba para el colegio, y lo hice. Esta gracia me costó muchas lágrimas y un poco de desesperación. Esto me lleva al siguiente punto.

-Todo pasa y todo estará bien: Casi como un mantra, me he repetido esto a lo largo de mi vida. Desde las situaciones más banales hasta las más complicadas van a pasar y van a cambiar. Las cosas tienen solución y son temporales. Nunca estarás en el mismo lugar en un año. Así que hay que tratar de ser lo más positiva posible ante las cosas. Como dicen en mi país, es mejor no darse mala vida.

-Documentar los cambios físicos es una buena idea: Una vez me hice una sesión de fotos con fotógrafo muy querido, amigo de mi familia. Cuando hice eso, salieron unas fotos muy bonitas en donde no tenía dientes. En el momento, sentí que era la peor ridiculez del mundo. Hoy aprecio demasiado tenerlas, y me molesta un poco no tener otras similares. Años después, entendí que hay mucha belleza oculta en esas cosas que consideramos defectos cuando somos más pequeñas.

Las fotos que se ven horribles de hace tres años, en siete serán divertidas.

Escrito por Daniela R. Castillo para QMode

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